Me encantan las fotos, y sacar fotos. Desde chica supe que era un arte, me lo dijo alguien. Encima, las fotos se sacaban de a una o dos en días especiales – algún cumpleaños, alguna visita, un paseo – y se revelaban meses después. Revelar fotos era caro y en casa no teníamos cámara. Unos tíos le prestaban la suya a mi papá de tanto en tanto.
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| Centro de Córdoba - 2018 |
Siendo ya bastante grande, tuve una camarita panorámica con rollo, muy elemental. Y mucho después, mi primera cámara digital, nada sofisticada. Ahora, desde hace años, cámara en el teléfono.
Desde chica vi que sacar fotos era un arte, y que una foto de un cumpleaños, o de un casamiento, o de una tarde a la orilla de un río transmitía algo de aquella situación siempre que a los protagonistas no se les cortara la cabeza, o si los ojos no les quedaban rojos, o si estaban cómodos y naturales en el espacio disponible dentro del encuadre.
| Jardín Botánico - quizás 2005 |
En casa nos gustaba mucho mirar fotos familiares viejas, en blanco y negro, impresas y colocadas individualmente en libritos de cartulina gruesa con firuletes bonitos por fuera y una hoja de papel de arroz protegiendo la superficie de la foto. Mi mamá nos iba señalando cada uno de todos esos parientes desconocidos por lejanos y por muertos. Que la abuela de su abuelo, que los hermanos varones de la madre de su abuela, que la hija mayor de un primo hermano de su mamá. Y muchas veces se acordaba de los pueblos perdidos en donde habían vivido. Hasta nos inmovilizábamos frente a la foto de un nene fallecido en una cama muchas décadas antes, lo había pateado un caballo.
Las fotos buenas cuentan historias. Las caseras muestran momentos y hay que recordar la historia. Las fotos de viajes son para el viajero, así puede acordarse del sol brillando en la baranda de un puente, y de la guirnalda de notas musicales que adornaba el ingreso a una feria de verano, y también de las voces de los vendedores de cerveza y de toallones con mandalas en una playa de arena caliente.
He sacado miles de fotos, decenas de miles. No se si tendré veinte mil fotos digitales guardadas, o más, y difícilmente menos. Pero hace poco supe algo de fotografía más allá de algún consejo oído o leído al azar. No es que ahora sepa, lo que ahora sé es lo mucho que hay para saber. Y todavía estoy interesada.
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| Visto desde la ventana del Hospital de Clínicas - 2019 |


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