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domingo, 20 de diciembre de 2020

012 – Hechos – Receta repetida

 Ayer nomás fui a visitar a una amiga. Una de las casi únicas visitas del año. En persona nada desde marzo, por eso fue una gran alegría. Cuestión que almorzamos pollo con papas fritas y para la merienda un budín de peras que preparé esa misma mañana y para beber una limonada con menta y jengibre, obra de mi amiga. Todo estuvo perfecto. Para el regreso a casa traía de vuelta una mermelada casera de naranjas y dos plantitas que estaban reservadas para mí. Cuando ya esperaba el colectivo para volver ella me pidió la receta así que hace un rato la escribí y se la envié.



También aquí quiero dejar la receta. No tiene nada original, pero un día alguien podría preguntarse que tipo de recetas cocinaba y me gustaría que hubiera alguna respuesta. Esto porque vivimos unas vidas muy anónimas donde además se nos incentiva a que hagamos cosas que nos gusten por nosotros y para nosotros, y que las disfrutemos sin esmerarnos por nadie más. A mí ese mensaje tan superador me confirma siempre el desinterés de muchos por los intereses individuales ajenos. Claro que hay muchos otros – amigos y familiares principalmente – que si manifiestan curiosidad por saber qué y cómo hicimos. Afortunadamente esas personas existen y te piden la receta, quieren ver cómo te quedó la artesanía, piden direcciones para conseguir materiales o ingredientes y hasta aceptan que se les muestren todas las fotos de aquel viaje. Y en compensación, muestran sus obras, comparten sus logros, te cuentan sus paseos y te convidan exquisiteces preparadas para ellos y para los demás.




Quién sabe, un día lejano, uno de ellos recuerda y quiere recuperar el sabor de una merienda que compartimos. 

domingo, 2 de agosto de 2020

007 – Hechos – Dibujando en cuarentena


Como tantos que pudieron quedarse en sus casas en este período, que todavía no acaba, pasada la sorpresa inicial y la sensación de irrealidad traté de aprovechar la estadía para hacer esas cosas que suelen estar en “la lista”. No tuve grandes éxitos.
Entre las muchas tareas que intenté estuvo, por unos días, la de volver a dibujar. En la infancia siempre dibujé. Y siempre creí que dibujaba bien. Sin embargo, recién retomada aquella habilidad abandonada por muchos años, me detuve a abrir dos carpetas con todas las materias y sus respectivos contenidos de la primaria. Mi mamá no quiso guardar montañas de papel de cada hijo por lo que en su momento conservó dos: las de cuarto y séptimo grado.


Abrirlas fue confrontar mis recuerdos de unas bellas ilustraciones con la realidad de unos dibujos normalitos de cualquier niño. ¿Tan mal dibujaban todos que en mi recuerdo los míos estaban a la altura de los mejores? A la vez estoy segura de que no eran así como están en estas carpetas.
Lo que me trae de regreso a lo de volver a dibujar. Al principio del ejercicio me expliqué las dificultades para reproducir con algo de gracia a la persona de una foto, como causada por la pérdida de la memoria motriz, por tantos años sin hacer casi jamás dibujos. Utilicé varias veces la misma foto con resultados extremadamente dispares. Tanto que ninguno se parece al modelo ni son semejantes entre ellos. Después, recorriendo las carpetas razoné que nunca tuve muchas nociones de dibujo. Se trataba de un pasatiempo del que lo más valioso era la impresión de realización que obtuve en aquellas épocas lejanas.


No he renunciado todavía a dibujar, con la ventaja de que ahora siento que el plan debería ser aprender a dibujar. ¡Quién sabe…!