Ayer nomás fui a visitar a una amiga. Una de las casi únicas visitas del año. En persona nada desde marzo, por eso fue una gran alegría. Cuestión que almorzamos pollo con papas fritas y para la merienda un budín de peras que preparé esa misma mañana y para beber una limonada con menta y jengibre, obra de mi amiga. Todo estuvo perfecto. Para el regreso a casa traía de vuelta una mermelada casera de naranjas y dos plantitas que estaban reservadas para mí. Cuando ya esperaba el colectivo para volver ella me pidió la receta así que hace un rato la escribí y se la envié.
También
aquí quiero dejar la receta. No tiene nada original, pero un día alguien podría
preguntarse que tipo de recetas cocinaba y me gustaría que hubiera alguna
respuesta. Esto porque vivimos unas vidas muy anónimas donde además se nos
incentiva a que hagamos cosas que nos gusten por nosotros y para nosotros, y que
las disfrutemos sin esmerarnos por nadie más. A mí ese mensaje tan superador me
confirma siempre el desinterés de muchos por los intereses individuales ajenos.
Claro que hay muchos otros – amigos y familiares principalmente – que si manifiestan
curiosidad por saber qué y cómo hicimos. Afortunadamente esas personas existen
y te piden la receta, quieren ver cómo te quedó la artesanía, piden direcciones
para conseguir materiales o ingredientes y hasta aceptan que se les muestren
todas las fotos de aquel viaje. Y en compensación, muestran sus obras,
comparten sus logros, te cuentan sus paseos y te convidan exquisiteces
preparadas para ellos y para los demás.
Quién sabe, un día lejano, uno de ellos recuerda y quiere recuperar el sabor de una merienda que compartimos.




¿Está bien si comento yo misma?
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