Cuando
era chica se hablaba mucho de ahorrar como una responsabilidad individual y
social que era bueno cultivar desde la infancia. Se enseñaba el ahorro en la
escuela, los programas de televisión le dedicaban segmentos y se llamaba a
expertos que daban cuenta de su importancia.
Mis
padres también favorecían esa práctica en muchos sentidos. Especialmente me
acuerdo del detalle de tener alguna ropa más linda en reserva, es decir casi
sin usar, para que no faltara en ocasiones especiales, como una visita, una
fiesta o una consulta médica. Era la ropa de salir. El ejemplo era tener en
cuenta a aquellos que cada día usan toda la ropa que tienen y cuando hace falta
de verdad, todo está viejo y gastado.
Otro
detalle es que realmente no me daban dinero, por lo que ahorrarlo dependía de
algún regalo de otro familiar. Y la costumbre no estaba muy establecida en mi
familia. No obstante los ingresos tan pequeños, yo no tenía muchas referencias
y creía estar ahorrando bastante. Por eso, a los 9 años más o menos, tomé mis
ahorros y decidí gastarlos en una juguetería que estaba en una avenida
principal cercana a casa. Me encantaba aquel lugar aunque no tenía el recuerdo
de haber entrado a recorrerlo. Sí, de haber visto filas de cajas de muñecas preciosas
desde afuera.
Con
toda la fe en mis ahorros, recuerdo que fui allá una tarde de sábado acompañada
de mi hermano menor. Recorrí los estantes mirando los juguetes y viendo, por
primera vez, cuanto costaban. Dí muchas vueltas ahí adentro sin poder elegir lo
que quería llevarme. No porque tuviera algún juguete ya seleccionado, sino por
la conciencia repentina de que los precios superaban mis posibilidades en casi
todo.
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| La Amiga de los Pájaros - Ediciones Susaeta s.a. |
Terminé
eligiendo un librito de cuentos que no era nada de lo que me imaginaba comprar
mientras ahorraba. Lo leí y releí innumeras veces. Los cuentos no eran feos, y
había mucho texto. Pero lo que finalmente entendí mediante la decepción de
aquella compra fue que el concepto del ahorro, y sus ventajas, era apenas pedagógico:
No creas en las maravillas que te describen los que quieren obtener el
resultado de un comportamiento.
Actualmente
sigo siendo una persona ahorrativa, pero, por suerte, sin ilusiones.

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