viernes, 14 de agosto de 2020

010 – Hechos – Rosas y rosales

 Años antes de ir a vivir a mi casita ya conseguí podas de unos rosales muy lindos de una vecina de la casa de mi mamá. Las puse en agua un tiempo y las ramitas que prendieron pasaron después a dos macetas, adonde esperaron años hasta encontrar su lugar definitivo en el jardín.

2012 - de los mejores años

Además, paseando por el Jardín Botánico de la ciudad de Córdoba me sorprendí admirando un rosal con incontables rosas blancas, bastante sencillas. Había un cartel que decía: Rosa Iceberg. Con esa información pregunté en un invernadero y descubrí que tenían, por lo que compré una planta que también está ahora en mi jardín. Y, en 2009 fui a la ciudad de Salta y me encontré caminando en una avenida con rosales iceberg enormes en el cantero del medio, una belleza absoluta.

En casa no tengo ningún jardín maravilloso. Deja mucho que desear en realidad y no siempre está cuidado o libre de hojas secas, pasto amarillo y plantas no bienvenidas y con espinas. Pero los rosales son una fuente de rosas casi todo el año, con sus épocas de esplendor: en octubre cerca del día de la madre y otra vez en otoño. Y la rosa iceberg ha tenido oportunidad de lucir tantas flores juntas algunas veces como para detener a los transeúntes en la vereda. Aunque en este momento no es una planta muy linda. Hay años y años.



Rosas Iceberg en su mejor época - noviembre de 2012

No se si pueda explicarlo. Es por estas plantas y por esas flores inagotables que siento que mi casa es mi hogar. Supongo que cuando se trata de lugares específicos siempre hay algo particular que consideramos una extensión de nosotros. Quizás alguien sepa mejor.

Fuente inagotable

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