jueves, 6 de agosto de 2020

009 – Hechos - Febo asoma – y la vez que actué en la escuela

Actuar no es lo mío. Tampoco soy un animal o un árbol, ni siquiera otra persona. Esos ejercicios de imaginación están fuera del alcance de mi cerebro. En la escuela, tanto tiempo atrás, las opciones expresivas eran mínimas. En los actos, o leer una poesía, o participar de una danza folclórica grupal, las chicas vestidas de paisanas o de damas antiguas.

Hasta que en cuarto grado la maestra quiso lucirnos en una representación de la muerte del Sargento Cabral en beneficio del General San Martín, a las puertas de un convento en la Batalla de San Lorenzo. Esta representación se realizaría acompañada por la música de la Marcha de San Lorenzo que va narrando cuidadosamente los hechos heroicos: sale el sol, se escuchan ruidos, avanza el enemigo, y así.

La primera frase de la marcha es “Febo asoma, ya sus rayos iluminan el histórico convento”. Es decir: ¡Febo! ¡Febo! ¿Hay algo más inexplicable? La señorita nos dijo que Febo era el sol. Cuestión que, entre las opciones actorales de la representación, se incluía a un participante que saliera primero sosteniendo un “sol”, dibujado en cartulina por ejemplo. Por algún deseo inédito de participar, y no quedar demasiado comprometida en algo superior a mis fuerzas, me ofrecí ahí nomás a ser El sol del evento. A continuación se repartieron los demás papeles, San Martín, el sargento, los granaderos, los españoles. No recuerdo si había más. Mi parte, libre de diálogo, interacciones y mayores despliegues solo consistía en pasar caminando alrededor de la escena, sin apurarme y sin llamar demasiado la atención. Esa era la participación ideal para mí.

Pensé, o se le ocurrió a mi mamá, que en lugar de levantar un dibujo, podía ponerme un sombrero con rayos. Lo construimos con cartulina y papel dorado. Y todavía mejor, con una tela amarilla, mi mamá hizo una especie de túnica con la que quedé encantada.

Eclipse de sol - ilustración de 7mo grado
Eclipse de sol - 7mo grado - lápices de colores

Estuve muy feliz con mi incursión teatral. Creo que fue la única. Antes de eso, me había tocado bailar alguna chacarera o algún pericón pero como partícula indiferenciable de un grupo grande.  

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