martes, 21 de julio de 2020

002 – Hechos – Cortinas Bonsái


Me gusta la costura como proyecto aunque en la práctica es un ejercicio exigente. Creo que mi mamá me enseñó primero lo más feo, esto es: ojales… y coser botones, que también tiene sus bemoles. Resulta que coser no es “coser y cantar”. Además, lo de empezar por la parte menos feliz era una característica de ella que seguramente nunca percibió del todo. Lo primero que supe del arte de coser fue esto de los ojales y todos esos hilvanados previos y puntos internos que se hacen para evitar que las telas se deshilachen. Y cuando ella estaba no recuerdo haber cosido mucho, excepto por rehacer los ruedos de algunas prendas que era necesario acortar, o por colocar botones perdidos.
Y, hace unos cuantos años, en 2009, llegó el momento de mudarme a una casita nada notable pero con unas cuantas ventanas sin persianas. Y, por causa de una economía ajustada, decidí hacer mis propias cortinas.
Como tantos planes que se ven simples en la imaginación, la realidad acaba siendo muy compleja. Elegir la tela, calcular los metros necesarios, seleccionar el sistema de colgado, comprar los materiales, cortar las cortinas, hacer los ruedos y las tiras para los aros por donde pasa el barral. Fueron 8 cortinas, cada una con ocho tiras, todas iguales. Todo eso en una cantidad de tiempo limitada.
Un único paso me salté, lavar la tela antes de cortarla. Algunos tejidos encogen al primer lavado, se acostumbra lavarlos antes y además se compra material extra, sobre todo sabiendo si encogen más o menos.
Resultado, quedaron muy prolijas el primer tiempo pero al primer lavado encogieron mucho y quedaron cortas. Son mis famosas cortinas bonsái. Y la enseñanza es que no hay que saltearse los pasos aburridos. Los pasos menos interesantes ausentes siempre se ponen en evidencia.



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