miércoles, 22 de julio de 2020

003 – Hechos – Índice pretérito


No todas son manualidades ni artesanías. Como lectora, tengo unos cuantos libros en el haber de lo vivido. Desde que aprendí a leer empecé por las revistas que mi mamá tenía y rápidamente aparecieron los libros. Aunque ella poseía una pequeña biblioteca personal, no eran muchas las obras infantiles ni juveniles. Los libros de cuentos siempre fueron caros así que tuve pocos. Por consiguiente, aparte de leer, también resulté buena releyendo los libros preferidos.
En 2018 por razones de salud tuve que estar una temporada en casa haciendo reposo. No era simple pasar largas horas en soledad y sin trabajar. Esto último, especialmente difícil por la costumbre de trabajar siempre y de siempre estar haciendo algo útil. Por eso, como entretenimiento, me propuse escribir al menos el título de todos los libros que recordara haber leído preguntándome interiormente si serían muchos, por ejemplo 500. Aunque no alcancé esa cifra, y estoy segura de que dejé unos pocos olvidados, ese año la lista llegó al 267.


Conozco personas que ya leyeron el doble y el triple de lo que recapitulé en mi cuaderno. Lo mismo, resultó un ejercicio de memoria bastante estimulante. Para incluirlos en la lista, tuve hasta que preguntar, a las amistades que me los prestaron, por algunas obras de las que tenía una idea difusa o del título, o del autor, o del contenido. Y también descubrí libros que quería leer, y hasta releer, de nuevo.
He olvidado muchas cosas, muchas más de las que suelo admitir. Por eso acordarme de tantas historias que me habían gustado, o dejado observaciones y hasta conclusiones importantes me entretuvo primero y me hizo pensar después. Pensé no solo en los libros, no sólo en los autores, no solo en los momentos en que disfruté de ellos, sino muchas veces, en los amigos que los compartieron conmigo y, a veces, en los porqués. Y recordé también aquella libertad con la que insistía en que alguien más leyera una obra que me hubiese impresionado. Y saco una conclusión sencilla: hay tanto para leer que dos personas, aún leyendo mucho, podrían no coincidir casi nunca.
Por ahora la lista está inconclusa, esperando por otra pausa.

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